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La
clave para evitar los atracones es planificar. La comida
como los regalos se deciden antes. Y así como
sabemos aprovechar nuestro presupuesto, podremos administrar
nuestros menús.
Según
los profesionales, diciembre es un mes muy curioso.
Los
pacientes que concurren por cualquier motivo a la consulta,
ante la sola mención de un análisis de
rutina y planificado me responden: “Ahora no porque
vienen las fiestas”. ¿Qué hay de
especial en dos cenas que nos hacen pensar en un desenfreno
de consecuencias tan temidas?
Más
allá que no se puede subir 10 kilos en dos días,
ni duplicar el colesterol o la presión arterial
en una noche, veo en esta preocupación, tan tradicional
como la misma Navidad, algunos peligros: la profecía
cumplida.Con la extensión habitual del período
de indulgencia que comienza con almuerzos y cenas con
amigos, brindis y otras celebraciones, rematadas con
cenas abundantes que siguen hasta los almuerzos posteriores,
todo diciembre se transforma en una abundancia de calorías
que envidiaría un rey de la antigüedad.
Y
esto sucede porque aceptamos el círculo vicioso:
diciembre es mes de fiestas, que luego trataremos de
compensar. Y que por supuesto nunca logramos. Entonces,
comemos todo lo que podemos porque “son las Fiestas”.
Hay
honrosas excepciones y mucha gente que no se desespera
por aprovechar la excusa, pero definitivamente son muchos
los que aceptan esta época de abundancia gastronómica.
En 10 a 15 comidas copiosas pueden acumularse algunos
kilos, pero lo peor es que se pierde la noción
de control que tal vez se había logrado con bastante
trabajo.
¿Qué
hacer para disfrutar sin pagar el precio?
Como todo camino comienza con el primer paso, empezar
por enfrentar la realidad y trazar un plan:
-
Parece muy elemental pero en nutrición todo
pasa por la planificación. Tomar las decisiones
lo más temprano posible. Dejarse sorprender
es muy peligroso, nadie puede negarse a comer el plato
que tiene delante.
- Si
hay compromisos sociales, por supuesto que nuestra
capacidad de manejo del menú es escaso. Por
lo tanto ,la mejor estrategia es intentar un comportamiento
racional. Nada diferente de lo que haríamos
con otros aspectos de la reunión: pensamos
a qué hora llegar, a qué hora irnos,
al lado de quien sentarnos, etc.
- Lo
mismo funciona con la comida y la bebida: pensemos
unos segundos qué hay para comer, cuánto
es lo razonable para nosotros y hagamos nuestro mejor
esfuerzo por cumplir con el plan.
- Para
los grandes eventos como la cena de Nochebuena, el
almuerzo de Navidad y sus gemelos de fin de año,
podemos aplicar lo mismo si fuimos invitados.
- Pero
si organizamos en casa las comidas, tenemos un nivel
superior de decisión: qué y cuánto
cocinamos. Los flacos saludables que hagan lo que
quieran, pero como cada vez son menos, parece aconsejable
adaptarse a los tiempos que corren y dejar de lado
los banquetes para armar cenas y almuerzos austeros.
Un poco menos de gasto en comida que podemos usar
en los regalos, y si el bolsillo lo permite, menos
cantidad pero de mejor calidad nutricional.
¿Somos
diez personas?
Para
qué cocinar 5 pollos si con 2 ó 3 alcanza.
¿Hay un invitado al que no le pueden faltar las
papas? Bien, agreguemos otras ensaladas para que haya
distintas opciones. Los postres pueden estar elaborados
con frutas, al fin y al cabo a quién no le gustan
los duraznos en almíbar, por no hablar de frutillas
o cerezas.
¿Quieren
crema? Bien, una cucharada por persona, siempre
podemos usar la frase infalible “Nos estamos cuidando”.Todo
esto nos lleva al primer paso: planificar. Lo que vamos
a comer en las Fiestas es como los regalos, se decide
antes. Y así como sabemos aprovechar nuestro
presupuesto, podremos administrar nuestros menús
para distribuir las calorías con inteligencia.
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